Pincha en el centro del reproductor para escuchar "El Otoño" de Vivaldi Por fin llegó septiembre, tiempo de muda, cura y maduración, y la vida recobra su pulso normal y los días su colorida (quizá aburrida) cotidianeidad.
Un mes que sirve de nexo y a la vez desliga el estío de un otoño próximo en el ambiente, en el calendario. Así lo auguran las hojas de los árboles que empiezan a alfombrar con sus ocres texturas las ciudades y los campos de nuestro hemisferio.
Astrológicamente hablando dicen que el mes de septiembre resulta ideal para nacer: otorga una especial serenidad y sensibilidad a quienes venimos al mundo en cualesquiera de los 30 días que abarca.
Nacer tras la canícula, cuando los campos socarrados por el extremo sol peninsular han dado sus frutos y piden y merecen reposo. Un período de sosiego e introspección para encarar las largas noches que se avecinan con nuestra nostalgia pegada a los cristales de la ventana llorosos quizá por ese amor de verano fugaz como las Perseidas laurentinas.
El Sol transita por el signo de Virgo y los virginianos nos nutrimos de sus beneficiosas radiaciones, de la rojez de su faz que plasma en el horizonte ocasos extasiantes.
Las fiestas de los pueblos y ciudades de España van aminorando el ritmo vertiginoso del mes anterior donde el toro, símbolo oficioso de nuestro país, sirve de sangriento pasatiempo a hordas humanas acá y acullá.
Y los quioscos rebosan coleccionables absurdos y variopintos, y las cadenas de radio y televisión presentan, fatuas y fastuosas, su nueva programación, sus nuevos timoneles mediáticos.
Y las editoriales sus nuevas propuestas literarias…
Y las madres andan soliviantadas recabando los libros de texto para sus retoños y esquilmando aún más su maltrecha economía doméstica.
Y unos siguen tostándose al sol con holganza y otros se doran al sol vendimiando.
Y los escaparates de las tiendas de moda exhiben las tendencias para la nueva temporada.
Y los armarios se reordenan, y las familias se reagrupan… o se divorcian; porque según apuntan todos los estudios septiembre es el mes del año con más divorcios.
Y algunas aves emigrarán en la patera del viento hacia latitudes lejanas y cálidas, aunque con la benignidad renovada de nuestro clima ya no les apetezca engrasar sus alas.
¡Y benditas sean en nuestros alféizares y tejados aunque atraigan el refunfuño de algún alma inconmovible!
Ha llegado septiembre con el síndrome post vacacional, y los remedios galénicos contra la caída del cabello y la astenia del equinoccio otoñal.
Y las ciudades rebosan gentes, ruidos, prisas, preocupaciones…
Y el dial rebosa baladas porque “toca” ponernos románticones y melancólicos.
Y las leñeras hacen acopio de madera para alimentar las chimeneas…
Y unos corazones se aletargan y otros bullen vivificados.
Septiembre, con su retahíla de refranes, noveno mes del año que como un embarazo alumbra el trecho que nos queda por recorrer hasta despedir, allá por San Silvestre, este bisiesto 2008
No todo van a ser problemas y pesares. Este mes, por la parte que me toca, quiero poner una nota de humor y de color Con este poema sarcástico y sandunguero confiando en que el género masculino no se incordie en exceso. Seguro que más de uno, con la mano en su seno y en un alarde de honestidad, se ve plenamente retratado en él. ¡Hasta “mi escrito de julio” amigas y amigos!
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Hombres de hoy en día
Son los hombres una especie en extinción, Machos de palabrería, Y el bulto del pantalón Es una alforja vacía. Metes mano con pasión Y te encuentras la tristeza De un gusano dormilón Que no levanta cabeza. ¡Pobre mío, qué pena y desolación!, la Viagra te ha fallado; y bebes a borbollón unos güisquis cabreado. Si presumes de cañón No pierdas la puntería Y a la lima y al limón Dejes mi cueva vacía. Vuelve el hombre... ¡qué tostón!, A alzar la falda a su dama. Revolcón tras sofocón Brincando sobre la cama. -Soy la reina del masaje tailandés, y te como en un instante, de las uñas de los pies a tu nariz de elefante. Mis ahorros malgasté En muy sexy lencería Y no quiere el chimpancé Pasar por la vicaría. -Yo te juro que me tienes que pagar esta traición y faena perdiendo lo de mear al estilo de Lorena. Volverás a mí otra vez…; Y fíjate qué ruina, Sufrirás mi frigidez Por embustero y gallina. Vuelve el hombre encantador Con su luna de promesas, Deshojan la coliflor Y nos dejan patitiesas. Inflamados como lava de volcán Nos muestran toda su fuerza, Aunque gánales el pan O te parten la cabeza. Está el típico ligón Luciéndose en los espejos, Y a la chica del montón Suele tirarle los tejos. Pero aprende por favor antes a hablar, Pedazo de mameluco, O te vamos a mandar De turista a Pernambuco. Con la labia de un don Juan, O como el pobre Romeo, Te hacen bailan el can-can El demoníaco meneo. Vuelve el hombre a seducir Con besos de contrabando. ¿Cuándo querrán admitir que la mujer lleva el mando? Hay varones con finura y distinción Que cantan como los grillos, Pero darse el palizón Es lo que buscan los pillos. En el coche sin pagar, O el piso del amigo, Se ponen a rebuscar Más abajo del ombligo. Es mejor que se relama de placer A que se largue enfadado Prometiendo no volver Y con el sable enfundado. Sin os sube la tensión Con este cante picante, El juego del quita y pon Relaja como un sedante. Vuelve el hombre de galán, Vuelve de truhán el hombre… A refrendar el refrán Que sólo varían de nombre.
Un mes después de presentar todos los informes preceptivos en el Registro Civil de Zaragoza ya tengo el auto judicial que acepta y valida mi cambio de nombre y sexo en el DNI, y por ende en todos mis documentos.
Este acontecimiento, el más trascendente y ansiado de mí vida junto con mi CRS, me dejó casi en estado de shock, preguntándome si lo que me estaba ocurriendo era real o una jugarreta de mi imaginación.
Es tal el cúmulo de emociones y sentimientos que se agolpan en tu cabeza y corazón que te lleva un tiempo asimilar lo que estás viviendo y empezar a saborearlo en toda su grandeza e intensidad.
E inevitablemente te preguntas..: ¿qué hubiera sido de mi vida si en vez de arrastrar, como una maldición y condena, un nombre que no me correspondía ni hacía justicia, hubiera gozado desde aquél primer DNI que me hice con 17 años de la ley que ahora nos ampara y beneficia?
¡Cuánto sufrimiento, ataques, frustración, afrenta, etc. me hubieran evitado! Pero es inútil esforzarse en cambiar algo que ya es historia y ha petrificado el tiempo, máxime cuando quedan tantos horizontes por explorar y sensaciones por conocer.
Ahora sólo me resta ir por mi Carné de Identidad a la comisaría, lugar que bajo ningún concepto pisaré sola por la infausta experiencia sufrida a manos de los uniformados que pueblan estos centros.
Cuesta reconocer la España de hoy donde las minorías recobramos la dignidad pisoteada desde que el hombre andaba encorvado y habitaba las cavernas.
Donde compañeras y compañeros eran encarcelados, reprimidos, agredidos y humillados hasta el paroxismo porque así lo ordenaba y mandaba el régimen dictatorial de entonces.
...Y muchas y muchos cayeron en esa lucha por las libertades y el progreso humano y civil del resto, de esta España que hoy sonríe altiva y se sacude enérgicamente sus vetustos fantasmas.
Muchas y muchos compañeros yacen en sus tumbas con un nombre que les mancilla y humilla mientras quienes estamos a este lado de la vida saboreamos las mieles de este nuevo tiempo que impregna nuestros ojos de esperanza y los llena de lágrimas, lágrimas de felicidad y solidaridad con los que ya no nos acompañan y gozan de la que también es su victoria.
Ahora llegó la hora de rebautizarme a mí misma, de simbólicamente ungir mi cabeza con el agua de la vida, de llevar oficialmente el nombre que elegí muchos años atrás, el que tuve defender, discutir y hacer valer frente al mundo.
De arrinconar en el olvido aquél nombre que mis padres me pusieron al nacer con su mejor intención, con toda su ilusión, pero que nunca me definió y sí supuso por el contrario una losa y lastre en todo momento, un cilicio con que el que descarnarme públicamente.
Y este hito histórico, convertido en hito personal, tendrá su reflejo en miles de compañeras y compañeros transexuales que ahítos de felicidad brindarán, copa en alto, por esta nueva era que gracias al progresismo de este País conocemos y disfrutamos.
De pequeña, como consecuencia de mi temprana y evidente transexualidad, carecí de amigas/os, crecí sola, ensimismada en mis sueños y sentimientos de niña.
Me despreciaban e insultaban por ser, según ellos, el “mariquita” de la clase y del pueblo, el blanco perfecto de sus burlas e inquinas.
Yo no entendía las razones de su aversión hacia mí y raro era el día que no regresaba a casa llorosa y humillada.
En casa me sentía protegida y las palabras amables de mis padres me hacían olvidar los pesares y problemas cotidianos.
Era muy buena estudiante, me aprendía las lecciones de carrerilla y aunque debido a mi primer apellido ocupaba los últimos puestos en los pupitres del aula conseguí, a base de estudios y sacrificio, colocarme en la primera fila de la clase.
Eso supuso para mí ganar una pequeña batalla dentro de un ambiente o contexto bastante hostil.
Como nunca tuve la curiosidad o tentación de probar los juegos de los chicos, eso supuso para mí restringir aún más mis posibles amistades.
Yo era feliz jugando con mis muñecas recortables, saltando a la comba, jugando al “descanso”, a las “casitas”… Era una aventajada en todos esos juegos o menesteres, aunque el entorno machista de la época no me comprendiera ni respetara.
Yo hacía todo lo posible por agradar, por llamar la atención de mis compañeros o vecinos… Pero fue una tarea estéril e inútil.
Me cerraron a cal y canto sus círculos, me negaron abrupta y tajantemente su amistad porque era “diferente”, ese “apestado” que hay que evitar y ridiculizar.
Recuerdo que mi hermano, más o menos de mi misma edad, tenía por el contrario un sinfín de amistades.
Sinceramente las merecía ya que era una persona eminentemente buena, candorosa y sencilla.
Sin embargo yo sentía celos cuando iban a buscarlo a casa y trataba de integrarme, sin éxito nuevamente, entre ellos.
Me sentía ahíta de amigos y a veces me daba la impresión de que mendigaba amistad.
Así fueron pasando los años de mi niñez, de mi adolescencia… Y yo sin ese amigo que se supone que todo el mundo tiene y disfruta, con quien compartes tus anhelos e intimidades.
Como me relacionaba especialmente con chicas, ellas fueron mis compañeras de juegos y confidencias.
Confidencias de mujer que compartí con mi hermana la pequeña y con dos primas hermanas ya que todas teníamos edades y aspiraciones similares.
Ellas fueron mi referencia sobre la amistad y el compañerismo.
Al haber crecido sin amigos me acostumbré en gran medida a vivir sin ellos.
Recuerdo un verso que decía:
El que de amigos carece Prueba que no los merece.
¡Anda que no me autoflagelé yo con esos ripios!
Por eso cuando dicen que la amistad es un tesoro yo me considero pobre y desgraciada porque pocas veces hallé tal prodigio.
Hoy en día siento como una bendición y regalo la amistad de Andrea Muñiz, quien dirige Trans_Bitacora y mi colaboración. Ella me ha demostrado que le aflige mi sufrimiento y se alegra conmigo de mis sueños cumplidos o realizados.
En ella he encontrado aquella amiga inexistente en mi niñez y me ha devuelto la fe en la amistad.
Ese sentimiento tan loado, tan fundamental en la vida de todo ser humano, pese a que a veces, por puro prejuicio propio o ajeno, nos cueste conseguirlo y gozarlo.
“La amistad brilla más entre los iguales”. (CICERÓN)
Nací un 6 de septiembre de 1967 en Casas de Don Pedro, un pequeño pueblo emplazado en el nordeste de la provincia de Badajoz.
Sé que era miércoles y el reloj marcaba las 22 horas, por lo que como Signo Zodiacal tengo a Virgo con Ascendente en Tauro, doblemente Tierra.
Soy “Cabra de Fuego” en el Horóscopo Chino, “Sauce Llorón” en el Horóscopo Celta...
Descendiente de una familia muy numerosa, soy la 5ª de 8 hermanas/os, pasé gran parte de mi infancia rodeada de naturaleza y animales, tantos domésticos como silvestres, ya que mi padre ejerció la noble profesión de pastoreo por esas bellas y acogedoras tierras de Extremadura.
Actualmente resido en Zaragoza, ciudad que eligieron los astros para mi renacer y crecimiento personal.
Aunque ya sabemos que no se madura o evoluciona humanamente sin la compañía, muchas veces odiosa, desafiante y exasperante, del dolor.
Soy escritora autodidacta y profeso un gran amor a los libros pese a que en mi casa, un hogar humilde, no había libros; salvo los de texto de la E.G.B. de aquéllos años.
Me inclino especialmente por la poesía, para mí fuente de todo sentimiento y emoción.
Soy una idealista incombustible, me rebelan y repelen las injusticias y no transijo con la mentira.
Adoro y admiro a las personas bondadosas, con esa aura intacta de inocencia, a la gente valiente, solidaria, entregada... comprometida.
Me nutro de la soledad y el silencio para reflexionar y escribir, y el sosiego es muy importante y necesario para mi estabilidad emocional.
Siento una infinita querencia y ternura por los animales, principalmente por los perros: de los cuales puedo decir y demostrar con conocimiento de causa lo nobles, leales y generosos que pueden llegar a ser, en contraposición a los propios humanos.
Y a grandes rasgos, y acallando mi propensión al parlanchineo, así soy yo: la esencia misma de la ensoñación.
Nací un 6 de septiembre de 1967 en Casas de Don Pedro, un pequeño pueblo emplazado en el nordeste de la provincia de Badajoz.
Actualmente resido en Zaragoza.
Me inclino especialmente por la poesía, para mí fuente de todo sentimiento y emoción.
Siento una infinita querencia y ternura por los animales, principalmente por los perros.
¿Porqué Renacimiento de Tatiana Sánchez?
Durante algo más de un año, dejé de escribir, por falta de tiempo, en el presente sufro de un Renacimiento en el más amplio sentido de la palabra y del sistema literario y de los sentidos. Creo profundamente en el poder de la escritura para poder llegar mediante tus ojos hasta lo más profundo de tu ser.En definitiva he Renacido.